20 feb 2013

En attendant Godot

ESTRAGON: Todas las voces muertas hacen un ruido de alas.
VLADIMIR: Hacen un ruido de alas.
ESTRAGON: De hojas.
VLADDIMIR: De arena.
ESTRAGON: De hojas.

(silencio)

VLADIMIR: Hablan todas a la vez.
ESTRAGON: Cada cual para sí.

(silencio)

VLADIMIR: Más bien cuchichean.
ESTRAGON: Murmuran.
VLADIMIR: Susurran.
ESTRAGON: Murmuran.

(silencio)

VLADIMIR: ¿Qué dicen? 
ESTRAGON: Hablan de su vida.
VLADIMIR: No les basta haber vivido.
ESTRAGON: Necesitan hablar de ella.
VLADIMIR: No les basta con estar muertas.
ESTRAGON: No es suficiente.

(silencio)

VLADIMIR: Producen un ruido como de plumas.
ESTRAGON: De hojas.
VLADIMIR: De cenizas.
ESTRAGON: De hojas. 

Acto II, Esperando a Godot, Samuel Beckett.

17 oct 2012

Stultifera Navis

Cuanto tiempo desde la última entrada eh! Os pedimos perdón por la espera pero ya llega una nueva entrada casi nada original pero de gran calidad literaria y bastante interesante. Se trata de un texto del siglo XV (finales de la Edad Media) de un poeta alemán llamado Sebastian Brant y su título es la nave de los locos. Stultifera navis en latín y Das Narrenschiff en alemán.  

Esta es mi nave de los locos
de la locura es el espejo.
Al mirar el retrato oscuro
todos se van reconociendo.
Y al contemplarse todos saben
que ni somos ni fuimos cuerdos,
y que no debemos tomarnos
por eso que nunca seremos.
No hay un hombre sin una grieta,
y nadie puede pretenderlo;
nadie está exento de locura,
nadie vive del todo cuerdo.


22 may 2012

Himno al amor

“Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe.

Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.

Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tienen en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad.

El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas.

Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.

Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí.

En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande todas es el amor”.
Carta de San Pablo a los Corintios 13, 1-13

15 may 2012

El mejor amigo del hombre...

"El amigo mejor y más seguro és un libro. Según que lo desees, sus manifestaciones te encantan, sus nuevas observaciones te recrean; te da, según tú quieras preceptos fortificantes y ayudas maravillosas. Te ofrece, a la vez, el comienzo y el fin, poco o mucho; allega lo que està lejos a lo que está cerca de ti, el pasado al presente... Es un muerto que te habla en nombre de los muertos y te trae el lenguaje de los vivos. Es un íntimoque se alegra con tu alegría, que duerma con tu sueño y no te habla sino de lo que te agrada... Fortifica tu corazón, sostiene tu espiritu y aumenta tu saber... Dios ha dicho: << Lee en nombre de tu Señor generoso. Él es quien ha enseñado al hombre el uso del qalim ['pluma, escritura'] y todo lo que ignoraba>> (Alcorán, XCVI, 3-5). En estas palabras que Él ha enseñado mediante el qalim según Él nos revela, se nos dice que la generosidad es uno de los atributos divinos".


Masudi, escritor de la primera mitad del S. X.

6 mar 2012

Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos,
y escucho con mis ojos a los muertos.

Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años vengadora,
libra, ¡oh gran don Joseph!, docta la imprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta,
que en la lección y estudios nos mejora.

Francisco de Quevedo

29 feb 2012

El lamento de la doncella

Las nubes rápido se encuentran,
Los robles del bosque rugen,
Una doncella se sienta
junto a la verde orilla.
Las olas rompen con furia;
ella suspira en la noche que oscurece,
y con los párpados anegados en llanto se lamenta:

Mi corazón está muerto en mi interior,
El mundo es un vacío;
El deseo me ha abandonado,
cada esperanza es destruida.
La plenitud de la dicha he saboreado,
He vivido, he amado;
tomad ahora este infante sagrado,
bajo vuestra tierna fantasía.

En vano es vuestro dolor,
En vano vuestras lágrimas caen;
pues los muertos en su lecho
nunca recuerdan sus sueños.
Aún si algo puede puede calmar vuestra pena,
vertir un dulce bálsamo en tus venas,
ahora que el amor con sus placeres no nos condena,
Gritad vuestro deseo, y consuelo hallarás en el silencio!

Aunque en vano sea mi dolor,
aunque en vano mis lágrimas caigan;
aunque los muertos de sus sueños
nada puedan recordar;
ningún bálsamo es dulce para el corazón abandonado,
cuando el amor y sus placeres no nos condenan;
sólo nos deja desdicha y un solitario tormento.

Friedrich Schiller

15 feb 2012

"Discurso de Cristo muerto desde lo alto del cosmos diciendo que no hay Dios"

Cuando en nuestra infancia oímos contar que en la medianoche, el momento en que nuestro dormir llega muy cerca de nuestra alma y nos entenebrecen incluso los sueños, los muertos se desvelan y ejecutan en las iglesias un remedo de la misa que hacemos los vivos, cuando oímos contar eso, sentimos horror de la muerte por culpa de los muertos. Y en nuestra soledad nocturna desviamos los ojos de los alargados ventanales de la iglesia silenciosa y nos da miedo investigar si las fluorescencias que en los reflejos brillan se deben a la luz que cae de la Luna.

La infancia, y más todavía sus espantos que sus éxtasis, recobran alas y brillo en nuestros sueños y, como si fueran pequeñas luciérnagas, se entregan a sus juegos en la pequeña noche de nuestra alma. ¡No nos aplastéis esas centellas que ahí revolotean! ¡Dejemos incluso nuestros sueños oscuros y desagradables, que son como penumbras de la realidad, pero que nos impulsan hacia arriba! ¿Con que nadie va a reemplazarnos esos sueños, los que nos alejan de los estruendos inferiores de la cascada y nos conducen hasta la silenciosa cumbre de la infancia, allí donde el río de la vida, aún silencioso en su pequeña planicie, parecido a un espejo del cielo, se encamina hacia sus abismos?

Un atardecer de verano me hallaba yo tendido en un monte de cara al Sol y me quedé dormido. Entonces me soñé que me despertaba en un camposanto. Lo que me desvelaba era la maquinaria siempre en movimiento del reloj de la torre, que estaba dando las once en aquel momento. En el cielo nocturno, que se hallaba completamente vacío, yo buscaba el Sol, pues creía que un eclipse lo ocultaba con la luna. Todas las tumbas estaban abiertas; y las puertas de hierro del cementerio, como si unas manos invisibles las moviesen se abrían y se cerraban. Sombras rápidas, sombras que nadie proyectaba, se deslizaban por los muros, y había otras que se elevaban por los aires. Los únicos que seguían dormidos en sus abiertos ataúdes eran los niños. Del cielo colgaba formando grandes pliegues una niebla grisácea y pesada, parecía una sombra gigantesca acercandose; aquella niebla se parecía a una red y a cada momento se volvía más estrecha y ardiente. Yo oía la lejana caída de los aludespor encima de mí , y por debajo las primeras pisadas de un inmenso temblor de tierra. Dos inacabables notas disonantes, que dentro de la iglesia luchaban entre sí e inútilmente procuraban confundirse con un sonido armonioso, la iglesia oscilaba de arriba y abajo. De vez en cuando un resplandor grisáceo se aproximaba convulso hacia los ventanales y a su luz podía verse como se deslizaban por ellos el plomo y el hierro derretidos. La red de aquella niebla y el suelo oscilante me empujaban dentro del templo; dos basiliscos que desprendían chispas hallábanse apostados en dos setos de plantas venenosas delante de sus puertas. Yo iba avanzando a través de sombras desconocidas en las que estaba impresa la huella de varios siglos.

Todas ellas se hallaban congregadas en torno al altar y a todas les temblaba y palpitaba, no el corazón, sino el pecho. El único muerto al que no le temblaba el pecho era uno que, enterrado recientemente en la iglesia, aún reposaba sobre sus almohadones; en su rostro, cruzado por una sonrisa, quedaba la huella de un sueño feliz. Pero como entraba un viviente, también aquel muerto se desvelaba; y de su rostro desaparecía la sonrisa. Haciendo un gran esfuerzo levantaba sus pesados párpados, pero allí dentro no había ojos, y no era un corazón, sino una herida, lo que había en su pecho palpitante. Alzaba sus manos y las juntaba para rezar, pero sus brazos se alargaban y se desprendían, y las manos aún juntas, iban a caer lejos. Arriba, en lo alto de la cúpula de la iglesia, se hallaba la esfera del reloj de la Eternidad. No aparecían en ellas números que indicasen las horas, la esfera misma era su propia aguja; solo un dedo negro apuntaba hacia allí. Y los muertos querían ver el Tiempo en aquel reloj.

De lo alto descendía hasta el altar en aquel momento una noble figura en la que se advertía un dolor inextinguible. Y todos los muertos gritaban:

- Cristo, ¿es que no hay Dios?

Y él respondía:

- No lo hay

La sombra entera de cada uno de los muertos, y no solo su pecho, se estremecía
entonces violentamente; y aquel temblor iba dispersándolos uno tras otro.

Y Cristo continuaba:

- He cruzado los mundos, he penetrado en los soles, he volado en compañía de las vías lácteas por los desiertos del cielo; pero no hay Dios. Hasta donde llega la sombra del ser, hasta allí he bajado, y he mirado en aquel abismo, y he llamado: “Padre ¿Dónde estás?”, pero lo único que hasta mis oídos ha llegado ha sido el estruendo de la tempestad que nadie gobierna. Y encima del abismo estaba el brillante arco iris formado por los seres, sin ningún sol que lo hubiese creado; y de aquel arco iris se desprendían gotas. Y cuando he alzado la vista hacia el inmenso mundo, buscando el ojo de Dios, el mundo me ha mirado con sus cuencas; estaban vacías y no tenían fondo. Y la eternidad yacía sobre el Caos, y lo roía, y se rumiaba a sí misma. Seguid chillando, notas disonantes, dispersar con vuestros chillidos las sombras. ¡Pues Él no existe!

Igual que un vaho blanco al que el frío helado ha dotado de forma, se deshace ante un soplo cálido, así se desvanecían aleteando aquellas sombras descoloridas; y todo quedaba vacío. En el templo penetraban entonces, cosa terrible para el corazón, los niños muertos, que se habían desvelado en el camposanto; se prosternaban ante la elevada figura que estaba en el altar y decían:

- ¡Jesús!, ¿es que no tenemos padre?

Y llorando a lágrima viva, Jesús respondía:

- Todos nosotros somos huérfanos, ni yo ni vosotros tenemos padre.

En aquel momento el chirrido de las notas disonantes se hacía cada vez más fuerte y las temblorosas paredes del templo se alejaban unas de otras. Y el templo y los niños se hundían, y a continuación se hundía la tierra, y se hundía el sol, y se hundía con toda su inmensidad el cosmos entero. Y, a medida que se hundían, todas esas cosas iban pasando a nuestro lado.

Y allá arriba, en las cúspide de la inmensa Naturaleza, estaba erguido Cristo y bajaba sus ojos hacia el cosmos, atravesados por mil soles; lo que Cristo contemplaba era, por así decir, la mina excavada en la noche eterna, mina por la que caminaban los soles como lámparas de mineros y las vías lácteas como venas de plata.

Y mientras Cristo estaba mirando la rechinante aglomeración de los mundos y la danza de antorchas de los fuegos fatuos del cielo y los bancos de coral de los corazones palpitantes, mientras veía cómo, a las bolas de agua que derraman luces flotantes sobre las olas, así las bolas de los mundos iban una tras otra sus fosforescentes luces en el mar de lo muerto, mientras veía aquello, Cristo el más grande de los seres finitos, alzaba sus ojos hacia la Nada y hacia la vacía inmensidad y decía:

- ¡Oh, Nada rígida y muda! ¡Oh, necesidad fría y eterna! ¡Oh, Azar loco! ¿Conocéis estas cosas que quedan debajo de vosotros? ¿Cuándo romperéis a golpes este cosmos y a mí con él? ¡Oh, Azar! ¿Tienes tu conocimiento de estas cosas cuando recorres con tus huracanes la tempestad de nieve de las estrellas y vas apartando uno tras otro con tu soplo los soles y a tu paso va dando destellos el luciente rocío de los astros? ¡Qué solo se encuentra cada uno de nosotros en esta vasta cripta del universo! Lo único que está a mi lado soy yo. ¡Oh, Padre!, ¿dónde está tu infinito pecho para que pueda descansar en él? Ay, ya que cada uno es su propio padre y su propio creador, ¿por qué no puede ser también su propio ángel exterminador...? Eso que está ahí, junto a mí, ¿continúa siendo un ser humano? ¡Eh, tú, pobre hombre! Vuestra pequeña vida es un suspiro de la Naturaleza, o sólo el eco de ese suspiro. Un espejo cóncavo lanza sus rayos en las nubes de polvo hechas de ceniza muerta, los deja caer sobre vuestra Tierra y entonces surgís vosotros, imágenes oscilantes y cubiertas de nubes. Baja tu mirada, hombre, bájala hacia el abismo, sobre el que se desplazan nubes de polvo. Desde el mar de lo muerto ascienden nieblas llenas de mundos; una niebla que sube es el futuro, y el presente, la niebla que cae. ¿Reconoces esa Tierra tuya?

En aquel momento miraba Cristo hacia abajo y sus ojos se llenaban de lágrimas y decía:

- Ay, yo estuve también en la tierra; pero en aquel tiempo yo aun era feliz, aun tenía a mi padre infinito, aun miraba alegre desde los montes hacia el inmenso cielo y apretaba mi taladrado pecho contra su imagen aliviadora, y hasta en la acerba muerte decía: “¡Oh, Padre, saca a tu hijo de esta sangrienta envoltura y llévalo hasta tu corazón!”... Ay, vosotros afortunadísimos habitantes de la Tierra, vosotros seguís creyendo en Él. Tal vez en este preciso instante esté poniéndose vuestro Sol, y entre flores, resplandor y lágrimas de alegría: “También a mí me conoces tú, ¡oh, Infinito!, y conoces asimismo todas mis heridas, y después de la muerte me acogerás y me las cerrarás todas...”. Oh, desventurados, no serán cerradas vuestras heridas después de la muerte. Cuando, cubiertas de ellas su espalda, ese ser lastimoso que es el hombre se eche en tierra para encaminarse adormilado hacia su hermosa mañana llena de verdad, llena de virtud y de alegría, cuando eso ocurra, el hombre se despertará en el tempestuoso caos, en la medianoche eterna. ¡Y no llegará ninguna mañana, no llegará ninguna mano que cure, no llegará ningún padre infinito! Oh, tú, mortal que te hallas ahí a mi lado, si aún estás vivo, ¡adóralo! Pues de lo contrario lo habrás perdido para siempre.

Y mientras yo iba descendiendo y mirando el resplandeciente cosmos, lo que veía eran los levantados anillos de la gigantesca serpiente de la Eternidad, que estaba tumbada alrededor del universo de los mundos. Y los anillos descendían y la serpiente rodeaba con un doble cerco el universo: luego se enroscaba de mil maneras en torno a la Naturaleza, y aplastando los mundos los dispersaba, y machacando el templo infinito lo reducía a las dimensiones de una iglesia de camposanto. Y todo se volvía angosto, sombrío y medroso. Y el badajo desmesuradamente largo de una campana iba a dar la última hora del Tiempo y a hacer pedazos el cosmos... Y fue en ese instante cuando me desperté.
Mi alma lloró de alegría de poder volver a adorar a Dios; la alegría y el llanto y la fe en Dios eran mi oración. Y cuando me puse en pie el Sol brillaba a baja altura en el horizonte, detrás de las purpúreas espigas henchidas de grano, y lanzaba apaciblemente el resplandor de su luz crepuscular hacia la pequeña Luna que, sin Aurora, iba descendiendo en la mañana. Y entre el Cielo y la Tierra desplegaba sus cortas alas un mundo perecedero, pero alegre, que, igual que yo, vivía en presencia del Padre infinito. Y de la entera Naturaleza que me rodeaba brotaban unos sonidos apacibles; parecía que tocasen al atardecer.  JeanPaul Richter

20 dic 2011

História de la antigua Grecia

Nuestra história emmpieza en creta, allí nace la cultura minoica, una cultura con lengua propia y más avanzada que las de la grecia continental, allí, en la península del peloponeso, habia otro pueblo con su lengua protogriegan con una estructura social feudal y muy guerreros, eran los micenicos.
Un día, los micenicos invadieron a los minoicos y les implantaron su cultura a la vez que cogian cosas de la de ellos. A partir de ahi no se sabe nada de nada, es la época oscura, porque no hay ningun resto de nada durante siglos debido a terremotos, tormentas, incendios etc.
En el s. VII a.C en la época arcaica, cuando se acaban de formar las poleis griegas y los griegos se hacen al más y colonizan granparte del mediterráneo con el fin de las guerras médicas (que enfrentó a griegos y persas) con la victoria de las poleis griegas, s.V Atenas consiguio lahegemonia, cómo? pues para protegerse gran parte de las poleis se aliaron en la Liga de Delos. Esta liga era liderada por atenas que era la que guardaba el tesoro de la liga, pero hubo un conflicto en la liga porque Atenas, el rei pericles en concreto, habia reconstruido su acrópolis (partenón, propileos, i erecteon fueron las construcciones mas monumentales) con el dinero de la liga, entonces se desató el conflicto entre las poleis, llamado guerras del peloponeso, las poleis se dividieron en dos bandos: los aliados de Atenas por un lado y los de Esparta por el otro, menos la cuidad de Argos que acordo no meterse ni con una ni con otra. Tras muchas batallas, viendo que no iba a ganar nadie se firmó un pacto de no agresión entre Atenas y Esparta donde se espacificaba que Atenas tendría el dominio del mar y Esparta el del continente, es decir el de tierra, mientras tanto en Macedónia donde tenian una cultura menos prestigiosa i avanzada que la griega y siempre los habian medio marginado y tratado de paletos, el rei Filippo II aprovecho la debilidad griega para atacar, así conquistó grecia, y su hijo, Alejandro magno, expandió el imperio helenico hacia el próximo oriente hasta la India donde murió de enfermedad.
*FIN!


By pankyPork (W)

29 nov 2011

Oh Capitán, mi Capitán:
nuestro azaroso viaje ha terminado.
Al fin venció la nave y el premio fue ganado.
Ya el puerto se halla próximo,
ya se oye la campana
y ver se puede el pueblo que entre vítores,
con la mirada sigue la nao soberana.

Mas ¿no ves, corazón, oh corazón,
cómo los hilos rojos van rodando
sobre el puente en el cual mi Capitán
permanece extendido, helado y muerto?

Oh Capitán, mi Capitán:
levántate aguerrido y escucha cual te llaman
tropeles de campanas.

Por ti se izan banderas y los clarines claman.
Son para ti los ramos, las coronas, las cintas.
Por ti la multitud se arremolina,
por ti llora, por ti su alma llamea
y la mirada ansiosa, con verte, se recrea.

Oh Capitán, ¡mi Padre amado!
Voy mi brazo a poner sobre tu cuello.
Es sólo una ilusión que en este puente
te encuentres extendido, helado y muerto.

Mi padre no responde.
Sus labios no se mueven.
Está pálido, pálido. Casi sin pulso, inerte.
No puede ya animarle mi ansioso brazo fuerte.
Anclada está la nave: su ruta ha concluido.
Feliz entra en el puerto de vuelta de su viaje.
La nave ya ha vencido la furia del oleaje.
Oh playas, alegraos; sonad, claras campanas
en tanto que camino con paso triste, incierto,
por el puente do está mi Capitán
para siempre extendido, helado y muerto.


Versión de Nicolás Bayona Posada, poema de Walt Whitman

El barco ebrio, A. Rimbaud

Mientras descendía por Ríos impasibles,
sentí que los remolcadores dejaban de guiarme:
Los Pieles Rojas gritones los tomaron por blancos,
clavándolos desnudos en postes de colores.

No me importaba el cargamento,
fuera trigo flamenco o algodón inglés.
Cuando terminó el lío de los remolcadores,
los Ríos me dejaron descender donde quisiera.

En los furiosos chapoteos de las mareas,
yo, el otro invierno, más sordo que los cerebros de los niños,
¡corrí! y las Penínsulas desamarradas
jamás han tolerado juicio más triunfal.

La tempestad bendijo mis desvelos marítimos,
más liviano que un corcho dancé sobre las olas
llamadas eternas arrolladoras de víctimas,
¡diez noches, sin extrañar el ojo idiota de los faros!

Más dulce que a los niños las manzanas ácidas,
el agua verde penetró mi casco de abeto
y las manchas de vinos azules y de vómitos
me lavó, dispersando mi timón y mi ancla.

Y desde entonces, me bañé en el poema
de la mar, lleno de estrellas, y latescente,
devorando los azules verdosos; donde, flotando
pálido y satisfecho, un ahogado pensativo desciende;

¡donde, tiñendo de un golpe las azulidades, delirios
y ritmos lentos bajo los destellos del día,
más fuertes que el alcohol, más amplios que nuestras liras,
fermentaban las amargas rojeces del amor!

Yo sé de los cielos que estallan en rayos, y de las trombas
y de las resacas y de las corrientes:
¡yo sé de la tarde, del alba exaltada como un pueblo de palomas,
y he visto alguna vez, eso que el hombre ha creído ver!

¡Yo he visto el sol caído, manchado de místicos horrores.
iluminando los largos flecos violetas,
parecidas a los actores de dramas muy antiguos
las olas meciendo a lo lejos sus temblores de moaré!

¡Yo soñé la noche verde de las nieves deslumbrantes,
besos que suben de los ojos de los mares con lentitud,
la circulación de las savias inauditas,
y el despertar amarillo y azul de los fósforos cantores!

¡Yo seguí, durante meses, imitando a los ganados
enloquecidos, las olas en el asalto de los arrecifes,
sin pensar que los pies luminosos de las Marías
pudiesen frenar el morro de los Océanos asmáticos!

¡Yo embestí, sabed, las increíbles Floridas
mezclando las flores de los ojos de las panteras con la piel
de los hombres! ¡Los arcos iris tendidos como riendas
bajo el horizonte de los mares, en los glaucos rebaños!

¡Yo he visto fermentar los enormes pantanos, trampas
en las que se pudre en los juncos todo un Leviatán;
los derrumbes de las aguas en medio de la calma,
y las lejanías abismales caer en cataratas!

¡Glaciares, soles de plata, olas perladas, cielos de brasas!
naufragios odiosos en el fondo de golfos oscuros
donde serpientes gigantes devoradas por alimañas
caen, de los árboles torcidos, con negros perfumes!

Yo hubiera querido enseñar a los niños esos dorados
de la ola azul, los peces de oro, los peces cantores.
Las espumas de las flores han bendecido mis vagabundeos
y vientos inefables me dieron sus alas por un momento.

A veces, mártir cansada de polos y de zonas,
la mar cuyo sollozo hizo mi balanceo más dulce
elevó hacia mí sus flores de sombra de ventosas amarillas
y yo permanecía, al igual que una mujer, de rodillas...

Casi isla, quitando de mis bordas las querellas
y los excrementos de los pájaros cantores de ojos rubios.
¡Y yo bogué, mientras atravesando mis frágiles cordajes
los ahogados descendían a dormir, reculando!

O yo, barco perdido bajo los cabellos de las algas,
arrojado por el huracán contra el éter sin pájaros,
yo, a quien los Monitores y los veleros del Hansa
no hubieran salvado la carcasa borracha de agua;

Libre, humeante, montado de brumas violetas,
yo, que agujereaba el cielo rojeante como una pared
que lleva, confitura exquisita para los buenos poetas,
líquenes de sol y flemas de azur;

Yo que corría, manchado de lúnulas eléctricas,
tabla loca, escoltada por hipocampos negros,
cuando los julios hacían caer a golpes de bastón
los cielos ultramarinos de las ardientes tolvas;

¡Yo que temblaba, sintiendo gemir a cincuenta leguas
el celo de los Behemots y los Maelstroms espesos,
eterno hilandero de las inmovilidades azules,
yo extraño la Europa de los viejos parapetos!

¡Yo he visto los archipiélagos siderales! y las islas
donde los cielos delirantes están abiertos al viajero:
¿Es en estas noches sin fondo en las que te duermes y te exilas,
millón de pájaros de oro, oh Vigor futuro?

¡Pero, de verdad, yo lloré demasiado! Las Albas son desoladoras,
toda luna es atroz y todo sol amargo:
El acre amor me ha hinchado de torpezas embriagadoras.
¡Oh que mi quilla estalle! ¡Oh que yo me hunda en la mar!

Si yo deseo un agua de Europa, es el charco
negro y frío donde, en el crepúsculo embalsamado
un niño en cuclillas colmado de tristezas, suelta
un barco frágil como una mariposa de mayo.

Yo no puedo más, bañado por vuestras languideces, oh olas,
arrancar su estela a los portadores de algodones,
ni atravesar el orgullo de las banderas y estandartes,
ni nadar bajo los ojos horribles de los pontones.

Walt Whitman es un cosmos...

Walt Whitman, un cosmos, el hijo de
Manhattan,
turbulento, carnal, sensual, comiendo,
bebiendo y procreando,
no es un sentimental, no mira desde
arriba a los hombres y mujeres ni se
aparta de ellos,
no es más púdico que impúdico
 
¡Quitad los cerrojos de las puertas!
¡Quitad las puertas mismas de sus quicios!
Quien degrada a otro me degrada a mí,
y todo lo que hace o dice vuelve a la postre a mí.

La inspiración mana y mana de mí,
me recorren la corriente y el índice.
Pronuncio la contraseña primordial,
doy la señal de la democracia,
nada aceptaré, ¡lo juro!, si los demás
no pueden tener su equivalente
en iguales condiciones.

Voces desde hace largo tiempo
enmudecidas me recorren,
voces de interminables generaciones
de cautivos y de esclavos,
voces de enfermos y desahuciados,
de ladrones y de enanos,
voces de ciclos de gestación
y de crecimiento,
y de los hilos que conectan las estrellas,
y de los úteros y de la savia paterna,
y de los derechos de los pisoteados,
de los deformes, vulgares, simples,
tontos, desdeñados,
niebla en el aire, escarabajos que
empujan bolitas de estiércol.

Voces prohibidas me recorren,
voces de sexo y lujuria,
veladas voces cuyo velo aparto,
voces indecentes por mí purificadas
y transfiguradas.

No me tapo la boca con la mano,
trato con igual delicadeza
a los intestinos que a la cabeza
y el corazón,
la cópula no es para mí más grosera
que la muerte.

Creo en la carne y en los apetitos,
y cada parte, cada pizca de mí
es un milagro.
Divino soy por dentro y por fuera, y
santifico todo lo que toco o me toca,
el aroma de estas axilas es más
hermoso que una plegaria,
esta cabeza más que los templos,
las biblias y todos los credos.

23 nov 2011

¿Qué se esconde detras del puerro? ò.ó

- ¿Qué puerro? ¿De que estás hablando, Panky? ¡¿Se te ha ido la olla?!
- ¡Que nooooooooooooooooo! Seguro que una imagen os refresca a todos la memoria.

Esta es una captura de pantalla del video de Holly Dolly de la Dolly Song (http://www.youtube.com/watch?v=U2wtIIT9hMU), seguro que os suena porque hace unos años estuvo muy de moda. pero, ¿quién es la muchacha sonriente de detrás de la vaca/cabra o lo que sea Dolly?  Veamosla de cerca.

Esta chica tan mona y sonriente (tal vez conocida como loituma girl) es la protagonista de un video en el que se pasa unos minutos (2, 5, 10... depende del video) cantanto una y otra vez un estribillo pegadizo aparentemente sin mucho sentido, mientras da vueltas al puerro que tiene en la mano. Me imagino que la cancion de Holly Dolly se inspiró en esta ya que yo vi este video en la web minijuegos (http://www.minijuegos.com/Loituma/4342) años antes de que saliera la cancion de la vaca/cabra. Pero ¿qué estraña canción es esta?

Así llegamos a lo que se esconde tras el puerro, la melodia, la cancion que en realidaad es la Ievan Polkka de Loituma (http://es.wikipedia.org/wiki/Loituma). Este es un quarteto vocal Finlandés formado a finales de los ochenta que canta sobre las historias del folklore escandinavo.

Una caracolilla en la playa


Hace unos dias me encontré esta simple imagen por internet así a lo "random", y claro pensando bueno un caracolilla de color diferente bueno, enontonces me di cuenta de que no era una simple caracolilla de playa si no que se trataba de uno de los "animales" mas letales de la tierra, y leiendo sobre esto explica que simplemente solo al cojerlo se dice que vas sintieno un dolor punzante que cada vez  iria siendo mas doloroso y empezando a propagar, e inyectan una neurotoxina mas letal que el ciurano que con tan solo una gota de su veneno es tan potente que puede llegar a matar a mas de 20 seres humanos.


Osea que ya sabeis en cuanto veais una caracolilla asi, yo de vosotros no me animaria a cojeria.. :)

Mimo impresionante!

16 nov 2011

La canción de la semana 15/11/11

Para romper con la dinamica de solo poner musica occidental aquí viene una cancion oriental. Es el openning del anime Durarara, que es uno de los mejores que he escuchado y además la serie es muy buena ;P

14 nov 2011

NOVEDAD!

¡Recién salido del horno aquí tenemos el nuevo videoclip de Red Hot Chili Peppers! Monarchy of roses es la segunda canción del álbum I'm With you (que se lanzó el pasado 31 de agosto) en tener videoclip. La primera fue el single, the Adventures of Rain Dance Maggie, el single del nuevo CD. Como curiosidad cabe decir que monarchy of roses fue candidata por la que Anthony Kiedis (vocalista del grupo) apostaba para ser el single del album. Y ahora, sin más dilación: THE MONARCHY OF ROSES!

7 nov 2011

26 oct 2011

Canción de la semana 26/10/11

Se trata de la archiconocida canción My sharona, que fue el Single debut del grupo británico The Knack. Se editó en 1979. Construida en torno un riff de guitarra e inspirada por Sharona Alperin, el sencillo se convirtió en disco de oro en ocho semanas y el 25 de agosto llegó al número 1 en la lista Billboard Hot 100.
Sharona Alperin y Doug Fieger, cantante y guitarra de The Knack.